Documento de identidad · Petitmaker
Petitmaker nace en Cerro Largo con una convicción simple: un microcomponente bien diseñado vale más que un sistema entero mal calibrado. Trabajamos para ingenieros y responsables de producción que necesitan procesadores de precisión milimétrica y microchips técnicos capaces de sostener la automatización de líneas de ensamblaje robótico. No vendemos promesas; entregamos piezas que cumplen especificaciones, tolerancias y ciclos de vida verificables.
Somos un equipo de diseño y ensamblaje ubicado en Uruguay, especializado en microcomponentes para robótica industrial. Nuestra planta combina laboratorio de calibración, sala limpia de ensamblaje y banco de pruebas térmicas y de vibración. Cada procesador que sale de nuestras mesas pasa por un protocolo de verificación que registra desviaciones, temperaturas de operación y comportamiento bajo carga. Esa disciplina es lo que nos permite hablar de precisión sin adornos.
Nuestros clientes son fabricantes de maquinaria, integradores de robótica y plantas que automatizan sus líneas de ensamblaje. Son equipos que no pueden detener la producción por un componente que falla a los tres meses. Necesitan microchips con especificaciones claras, documentación técnica completa y un interlocutor que entienda de ciclos de trabajo, no de catálogos genéricos.
Nuestra posición no es la del proveedor que entrega una pieza y desaparece. Es la del socio técnico que documenta cada decisión de diseño, comparte los resultados de las pruebas y ajusta el componente cuando la línea de producción lo exige. La precisión, para nosotros, no es un eslogan: es un método de trabajo que empieza en la selección del sustrato y termina en la verificación final del lote.
Hablamos con datos, planos y resultados de banco. Cuando un cliente pregunta por una tolerancia, respondemos con el valor medido y el método usado para obtenerlo. Cuando un proyecto requiere un ajuste de diseño, explicamos el impacto en el ciclo de producción antes de modificar cualquier parámetro. Ese tono directo y verificable es parte de nuestra identidad tanto como el color de los circuitos que ensamblamos.
Trabajamos con líneas de ensamblaje en Uruguay y la región que necesitan procesadores milimétricos estables. Estos son algunos de los acuerdos de suministro y co-desarrollo que mantenemos activos.
Integración de nuestros procesadores de control en brazos robóticos de seis ejes. El acuerdo cubre calibración conjunta y ajuste de tolerancias en sitio.
Suministro de microchips para el módulo de sensores de proximidad. Incluye auditoría de vibración y validación térmica en cada lote.
Co-desarrollo de un controlador compacto para cintas transportadoras. Nuestro equipo ajusta el firmware junto al cliente durante la puesta en marcha.
Acuerdo de referencia para probar nuestros chips en entornos de baja escala. Permite validar la repetibilidad de los ciclos antes de la producción completa.
Contrato de mantenimiento de precisión para los cabezales de inserción. Revisamos el desgaste de los microchips y reemplazamos los módulos críticos.
Cada etapa de la empresa dejó una decisión técnica que todavía hoy condiciona cómo diseñamos y ensamblamos microcomponentes para líneas robóticas.
Antes de ofrecer procesadores milimétricos al mercado, montamos un laboratorio interno con tres brazos robóticos reacondicionados. Ahí aprendimos que la tolerancia de 0,02 mm exigía calibrar cada estación de soldadura por separado, no con un ajuste general.
Tras fallas intermitentes en clientes del sector metalúrgico, reemplazamos el encapsulado plástico por cerámica de baja expansión térmica. La decisión elevó el costo unitario, pero eliminó las grietas por vibración en líneas de estampado continuo.
Los controladores estándar no sincronizaban bien con los actuadores de nuestros clientes. Diseñamos un protocolo de bus serial con verificación de redundancia cíclica, pensado para ciclos de máquina de menos de 40 milisegundos.
Dejamos de tercerizar el montaje final. Instalamos una sala limpia con control de partículas y humedad relativa, lo que redujo las tasas de rechazo por contaminación en un 62% respecto al proveedor anterior.
Incorporamos ciclos de -20 °C a 85 °C como control obligatorio antes del despacho. No es un certificado opcional: cada lote pasa por la cámara térmica y los resultados se archivan con trazabilidad por número de serie.
Cuatro perfiles técnicos que sostienen el diseño, la validación y la integración de nuestros componentes en líneas de ensamblaje. Cada uno aporta una capa distinta del proceso: arquitectura de chip, ensayo de tolerancias, control de calidad y soporte en planta.
Define la topología de los procesadores milimétricos que usamos en brazos robóticos. Trabaja sobre la densidad de circuitos y el consumo energético para que cada componente responda en ciclos de menos de dos milisegundos.
Coordina las pruebas de estrés térmico y vibración en el laboratorio de Cerro Largo. Sus ensayos determinan si un lote de microchips puede pasar a una línea de ensamblaje que opera turnos continuos.
Supervisa la inspección óptica de cada sustrato antes del encapsulado. Lleva el registro de desviaciones por lote y ajusta los criterios de aceptación junto con el equipo de diseño cuando aparece una variación en el material.
Viaja a las plantas del cliente para instalar los controladores y calibrar la comunicación entre el chip y el brazo robótico. Resuelve en terreno los desajustes de protocolo que no aparecen en el banco de pruebas.